sábado, 1 de diciembre de 2007

ADVIENTO...

Con el Adviento comenzamos un nuevo año litúrgico y me sirve como excusa para poder expresar un poquito algunas ideas que se me vienen a la cabeza.

Sabemos que Jesús llegó a encarnarse en una época determinada, en una cultura determinada, y no podía ser XMS-1008ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Fue considerado exorcista y sanador (taumaturgo) y con esta actividad dramatizaba y realizaba su mensaje escatológico (El Reino de Dios está ya presente)... Querer alejar a Jesús de su contexto judío y de su realidad histórica (Palestina era dominada por los romanos) nos hará describir siempre a un Jesús "domesticado" y reminiscente del blando moralista creado por Thomas Jefferson.

Es cierto que Jesús no fue un revolucionario, pero su actitud fue revolucionaria. Para una sociedad en la que las mujeres no pintaban nada si no estaban bajo el dominio de un varón (el padre o el esposo), en la que los marginados no sólo eran los leprosos sino también los que tenían cargos públicos de dudosa honra (como los recaudadores de impuestos), Jesús fue un "marginal".

Al abandonar su medio de vida (antes de dedicarse a su ministerio sería un carpintero más de la baja Galilea pero disfrutaría por lo menos de la posición económica y respetabilidad social mínimas para una vida decente). Se convirtió en un "desocupado" e itinerante a fin de asumir un ministerio profético que se encontró con el rechazo en su pueblo al regresar a enseñar a la sinagoga. En lugar de la honra de que antaño gozaba, se encontró ahora expuesto a la vergüenza en una sociedad donde la estima de los demás (la honra y la deshonra) determinaba la propia existencia en mayor medida que hoy (1). Contaba sólo con la buena voluntad, el apoyo y las contribuciones económicas de sus seguidores entre las que se encontraban muchas mujeres a las que había curado (2) (porque sino ¿de qué viviría, del aire?).

Jesús se hizo intencionadamente marginal a los ojos judíos y corrientes de Palestina, sin dejar de ser él mismo en gran medida un judío palestino. La razón de que Jesús encontrase un rápido y atroz final es simple: se había enfrentado con tantos individuos y grupos  en Palestina que, cuando se produjo el fatal desenlace en Jerusalén, tenía muy pocas personas influyentes a su lado.

¿A dónde quiero llegar? a que intentemos ver claramente el sentido de lo que en estos tiempos celebramos, la espera de la encarnación de Jesús en nuestra historia que es a la vez el pedido de que vuelva a hacerlo (Por eso celebramos en comunidad la Eucaristía: "Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte Señor, hasta que vuelvas").

Y teniendo presente su historia entre nosotros, sepamos estar también del lado de los marginales, de los que no tienen para vivir, de los explotados (trabajadores mal pagados, niños y niñas prostituidos), de los abandonados (niños huérfanos, mujeres maltratadas, hombres sin trabajo) y desahuciados (encarcelados injustamente, enfermos de sida, ancianos en los asilos, enfermos mentales). Que seamos capaces de darles esperanza, como hizo Jesús, diciéndoles que el Reino de Dios está presente y que somos parte de una gran familia. Que más que la condena lo importante es el perdón que Dios brinda a todos, sin importar sexo ni condición social, si hay sincero arrepentimiento y ganas de retomar la amistad perdida.

Somos, cada uno de nosotros, parte activa de ese Reino, y sólo a través de nosotros se puede hacer presente. Como cristianos estamos llamados a preparar el camino y anunciar al que ya viene.

TOÑO

(1) MEIER JOHN, "UN JUDIO MARGINAL" Tomo I. p. 34-37 Editorial Verbo Divino

(2) Lucas 8, 1-3

No hay comentarios: